Cuando el próximo 20 de enero, Barack Obama cierre por última vez la puerta del salón oval para volver al llano, dejará tras de si un país dividido y más desgarrado de lo que lo encontró.
Obama fue el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos, algo que fue impensable durante mucho tiempo. Cuando llegó a la presidencia, joven, lleno de energía y sin una sola cana, era una auténtica promesa que quería ser algo totalmente diferente a lo que había sido su predecesor George W. Bush, con un lema ilusionador: “Sí, podemos”.
En sus ocho años de gobierno consiguió muchas cosas y fracasó en otras, a veces por su culpa y otras a causa del sistema político.
Es un hombre de palabra y un orador creativo, pero que tuvo su parte de responsabilidad en el desmoronamiento de Medio Oriente.
Obama dio un paso atrás, pidiendo que fueran otros los que asumieran el liderazgo, pero nadie lo hizo. Y el vacío que Estados Unidos dejó en la región, lo llenaron Rusia, Irán y otros países.
Todos coinciden en que uno de sus mayores errores fue trazar líneas rojas que después permitió que se cruzaran sin consecuencias. Con Irán negoció un histórico acuerdo nuclear y gestionó con serenidad y determinación el acercamiento del país a Cuba tras décadas de hostilidades. Pero infravaloró durante mucho tiempo a la milicia terrorista Estado Islámico (Isis) y fracasó en la estrategia de futuro para Libia tras el derrocamiento de Muamar Kadafi.
La relación con Arabia Saudita pasa por un momento delicado y con Israel también es tensa; con Rusia está por los suelos y con frecuencia no supo responder a la astucia del líder del Kremlin, Vladimir Putin.
Licenciado en Derecho en Harvard, Obama cree en la negociación y el Estado de derecho. No es un pacifista de principios, pero ha subido mucho el listón a la hora de hacer que su país participe en “las guerras de otros”. Cuando llegó a la presidencia en 2008 el país estaba inmerso en dos guerras a las que prometió poner fin. Pero la retirada de Afganistán se estancó e Irak es hoy un país muy inestable.
El temprano premio Nobel de la paz pareció presionarlo más que incentivarlo. No consiguió cerrar el campo de prisioneros de Guantánamo, en Cuba, pero lo fue vaciando silenciosamente. Durante su mandato fue abatido el líder de Al Qaeda Osama Bin Laden.
El país viró algo a la izquierda bajo su mandato: en el ejército sirven soldados homosexuales y el matrimonio homosexual es posible en todo el país. Sin embargo, fracasó a la hora de modificar las leyes que regulan la tenencia de armas.
Bloqueado por un Congreso en manos de los republicanos , a través de los decretos, se convirtió en solista para poder hacer su política, un recurso al límite de la Constitución.
Con su mujer, Michelle, creó la pareja poderosa más famosa del mundo, llevó glamour y grandeza a la Casa Blanca y la abrió al jazz y al rap. Con ello redefinió la imagen de la presidencia.
Ahora, con canas y marcado por los años trabaja en su legado.
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